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La esperanza está viva, aunque la muerte se enoje

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo

5 Abr, 2026, 10:19 AM

Un acontecimiento supera nuestras fuerzas y explicaciones: la victoria de la vida sobre la muerte. En este día, la esperanza se reaviva y nos encontramos frente a la promesa de Dios cumplida en Jesús, esa certeza de que la historia no termina en la cruz, sino que florece en la Resurrección. Es el momento donde el dolor y la oscuridad dan paso a la alegría más profunda.

 

 

San Pablo, en su carta a los Colosenses (3, 3), nos invita a mirar más allá de lo visible: “ustedes están muertos, y su vida está oculta con Cristo en Dios”. Esta afirmación, que tal vez suena contradictoria y desconcertante, expresa la certeza de que nuestra existencia no se reduce a lo que vemos. Hay una vida nueva, escondida en Cristo, que se nos regala por la Resurrección. Vivir la Pascua nos lleva a confiar en que, aunque muchas veces sentimos el peso de la fragilidad o la derrota, nuestra vida está sostenida por el amor de Dios.

 

 

La Pascua es la celebración del triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte. No fue una victoria bélica ni una hazaña espectacular, sino el gesto humilde de quien entrega su vida por amor y la recupera para siempre. Jesús resucitado nos muestra que ningún dolor, ninguna culpa, ninguna sombra tienen la última palabra.

 

 

Los relatos evangélicos de la resurrección nos presentan una imagen muy fuerte: la piedra del sepulcro ha sido movida. No sólo indica que el cuerpo de Jesús ya no está allí; simboliza que la historia no termina en el encierro ni en el oscuro silencio. La piedra que se mueve es el signo de que Dios abre caminos donde parecía imposible. Pascua significa que los obstáculos pueden ceder, que las heridas pueden sanar, que la vida puede volver a empezar. Es la invitación a confiar en que siempre hay una salida, un futuro, un horizonte por descubrir.

 

 

Es importante notar que las apariciones de Jesús Resucitado se producen cuando la comunidad de discípulos y discípulas está reunida. Es en la Iglesia que compartimos la alegría de la fe y la misión.

 

 

Jesús resucitado trae vida nueva para toda la humanidad y la creación entera. Pascua es el llamado a vivir en plenitud: a abrirnos al amor, a buscar la justicia, a cuidar la tierra y a luchar por la dignidad de cada persona. Es la certeza de que el dolor y el pecado no tienen la última palabra; la liberación es posible y alcanza a toda la creación, que espera ser transformada y renovada.

 

 

En la Vigilia Pascual que hemos celebrado, la luz de las velas encendidas son signo de la vida nueva que recibimos en el bautismo. Allí, cada llama nos recuerda que hemos sido impulsados a salir de la oscuridad y vivir como hijos e hijas de la Luz. Es el gesto de una comunidad que se ilumina y se anima mutuamente, que celebra la esperanza y se compromete a ser testigos del amor y de la Resurrección en el mundo.

 

 

La Pascua es, sobre todo, una invitación a soñar con un mundo diferente. Nos llama a dejar atrás el miedo y la resignación y a construir juntos la Paz. Es el saludo del Resucitado a los discípulos y al mundo entero: “¡Paz a ustedes!”. Hagamos resonar estas palabras de Jesús en medio de signos de guerra y destrucción en tantos lugares del planeta. Jesucristo es el Príncipe de la Paz.

 

 

Hoy la Acción Católica Argentina cumple 95 años de vida. Un espacio eclesial de despliegue de vocación laical como discípulos misioneros, comprometidos en la construcción de la Iglesia y la Sociedad según el Evangelio y las enseñanzas del Magisterio. Damos gracias a Dios por tantos frutos de santidad.

 

 

En este Domingo de Pascua, te invito a renovar tu esperanza y a dejarte sorprender por la vida que Dios nos regala. Que la alegría de la Resurrección te acompañe y te inspire a cuidar, amar y soñar un mundo más fraterno, justo y luminoso. ¡Felices Pascuas de Resurrección!

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