“Se pudo determinar que, a simple vista, no funciona un local comercial. Ni se observó el ingreso o egreso de personas que fueran a comprar lo que se vendía ahí. Si se veía que llevaban algo de porte pequeño, posiblemente algún recorte de cocaína”, comentó la fiscal.
En este sentido aclaró que el comercio funcionaba como “fachada para la venta específica de cocaína”.
El allanamiento permitió el secuestro de teléfonos celulares, dinero en efectivo, un poco más de un millón de pesos, también tijeras, balanzas de precisión y otros elementos de recorte.
Se secuestró además, casi medio kilo de cocaína en trozos y algunos “cebollines” armados.
Las dos personas que habían sido denunciadas e investigadas, quedaron detenidas. Ambos de sexo masculino. En tanto que las otras dos personas que habían sido demoradas durante el allanamiento, “fueron desocupados porque no tenemos corroborados que estuvieran participando de la venta”, expresó Cedrés.
Este tipo de ventas causaba situaciones de inseguridad en el barrio, contó la fiscal, y generaba gran preocupación en la zona.