Juana y Ezequiel decidieron convertirse en familia rodante, ya con un niñito, y camino a Alaska pasaron por Gualeguaychú. Venden gomitas para juntar dinero para el combustible.
La pareja se conoció en Basavilbaso, cuando Ezequiel se encontraba cuidando su abuela enferma y resultó que Juana era la enfermera. “Fue amor a primera vista”, expresan.
En ese entonces, el ingeniero cordobés trabajaba en Brasil y la entrerriana decide mudarse con él. Ezequiel contó que antes de conocer a Juana tenía pensado realizar un gran viaje en moto.
Sin embargo, la decisión de abandonar la vida que conocían y convertirse en una familia rodante llegó con un episodio crítico. “Hacía un año que estaba trabajando en Brasil, y me di cuenta de que la rutina me estaba asfixiando, y mientras hacía actividad física, a los 37 años tuve un infarto, y eso fue el cachetazo final que me hizo dar cuanta que la vida es finita y debía hacer lo que soñaba”.
La familia comenzó por Brasil con un recorrido de 6 meses para aclimatarse a su nueva vida. Las fiestas las pasaron en Basavilbaso y luego estuvieron por 4 días en Gualeguaychú. El objetivo es llegar a Alaska.
Sobre los miedos, mencionan la incertidumbre de dejar lo conocido y el estilo de vida que tenían. “Los sueños están delante de los miedos”, mencionan.
Para poder mantener económicamente su vida, perciben el ingreso de alquiler de su casa en Brasil y para llenar el tanque venden gomitas. “Tenemos que vender 42 gomitas para los 42 litros de tanque. Gracias a dios la gente se prende y eso nos gratifica mucho”.