OPINIÓN

¿Democracia cruel?

Estamos asistiendo a una grave crisis institucional, en occidente y en nuestro país. La democracia burguesa, tal cual la hemos vivido, padece de una suerte de distopia opuesto a lo deseable (utopía).

8 Abr, 2026, 19:14 PM

Ello proviene de varias causales contemporáneas que, desde la misma democracia con sus debilidades fueron generando el resurgimiento de posturas autoritarias. Todo ello, dentro del margen-límite- de nuestras instituciones-

 

Con las redes sociales, los algoritmos y ahora la inteligencia artificial (I.A), como afirme en la nota “Democracia debilitada”, el discurso del odio descripto en varios ensayos y en nuestra aldea, enancados en administraciones corruptas y/o incapaces, facilitaron las posturas de extrema derecha. La salida sencilla, utilizando el mundo digital, de la imagen, penetrante en las emociones, sin fundamento racional, contradiciendo la experiencia histórica, cae sobre meros consumidores, ciudadanos empobrecidos en lo material y más aún en su disminuido análisis crítico de lo que son fundamentalmente víctimas de lo ya aludido.

 

Los “ingenieros del caos”, utilizan los errores del ayer -del presente, y con las herramientas tecnológicas del sistema comunicacional imponen la destrucción de lo existente, en imágenes (motosierra) y mensajes con una verba violenta (idiota, imbécil, burro, ignorantes, parásitos, feministas-despectivamente, etc.). Todos utilizados en campaña y luego desde la máxima autoridad nacional. Esto repetido desde el poder institucional, es multiplicado en las redes sociales. Imágenes e insultos que penetran por el celular (si no lo Tenes “no existís) y los medios tradicionales. Sin importar la verdad, el objetivo es imponer una realidad que en su mayoría se contradice con la realidad (posverdad).

 

No existe la búsqueda del consenso, base del juego democrático (mayorías respetando a las minorías circunstanciales); por el contrario, el objetivo es la “aniquilación” del adversario, como enemigo al cual se lo injuria, calumnia, para terminar-en algunos casos absorbiéndolo a las “fuerzas del cielo”; incluso si es necesario con las peores redes de la descalificada “casta”. Y así emergen brotes, chamuscados por la corrupción que dicen combatir con la fuerza de la libertad.

Y esto continua, con posturas internacionales que contradicen la no violencia que respeta la autodeterminación de los pueblos (a los kelpers no es aplicable), para terminar junto a EEUU e Israel rechazando la condena de la ONU a la esclavitud que padecieran los africanos. Claro, con la abstención de los europeos quienes fueran sujetos activos de esa lamentable historia.

 

Todo en un contexto donde se hace creer al ciudadano-consumidor que, individualmente puede hacer lo que quiera con su libertad. Si hasta hoy no lo pudo, el mensaje básicamente emotivo, fue por que el ESTADO se lo impidió. Ahora ya “achicar el estado” es poco, hay que destruirlo. No pagar impuesto sería un camino, ya propuesto en el Llao Llao-Bariloche, en discurso presidencial ante los mayores empresarios-dueños del país.

 

La madre tierra deja de ser protegida en esta postura extrema, al desconocer el cambio climático, excluyendo que los glaciares “son fuentes de agua y vida reguladores del sistema hídrico” y encuadrando el “supuesto” daño ambiental en un simple cálculo económico de costo-beneficio.

Nuestros hijos, nosotros, somos parte de ese ejército de consumidores de la cultura del odio. Con la escuela no basta (decía un obispo hace más de veinte años, al referirse a la televisión, antes del auge de internet y redes sociales). Y los padres, la familia sumergida en esta crueldad, se les hace difícil ahuyentar por sí sola a “las fuerzas del mal” como reza la nueva religión que ignora la Constitución Nacional. No podemos naturalizar (“institucionalizar”) la violencia verbal, que lleva a violencia física (individual y colectiva: bullying, racismo, xenofobia, etc.). Y a la destrucción de nuestro pacto democrático de 1983.

 

En esa propuesta activa, ya en su concreción el gobierno reduce la planta de trabajadores “sin considerar el impacto que tiene sobre el funcionamiento del aparato estatal y la calidad de las políticas públicas” “El resultado es la pérdida de cuadros técnicos y profesionales formados durante años, un capital humano difícil de reconstruir”. Si para el Estado hay un costo, a nivel social y personal también genera situaciones difíciles de remontar.

 

La Comisión Episcopal Católica, el 24-03-26, bajo el título “Nunca más” a la violencia de la dictadura y “siempre más” a una democracia justa”, precisamente ante lo expuesto supra afirma “...va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles… Tenemos que volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos, ¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo qué su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación, sic, y menos aún como política comunicacional del Presidente de la Nación.

 

Esta motosierra verbal, en acción, sólo será frenada a tiempo si la comunidad se expresa como tal, sabiendo que nadie se salva solo, y que el camino es la acción colectiva respetando al otro como miembro de una nación que tiene como fin el bien común, siendo el ESTADO el mediador irremplazable para dicho logro; armonizando deseos, anhelos e intereses en función de todos. NO es un oxímoron el estado eficiente, tal como lo expresa la máxima autoridad nacional.

Sí debemos activarnos para que lo que se denomina democracia cruel sea un deseo individualista y socialmente inmoral, no una realidad que nos esclaviza.

 

EDUARDO GARCIA JUJRADO Ex Juez Penal y Docente Universitario.

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