Ikizukuri
Excelente hallazgo el del título. El lector deberá volver sobre él para completar indeterminaciones. Juana por una extraña razón deja podrir la acelga, las peras para gozar de la vida de los gusanos que le acarician encías y paladar; como moscas y mariposas. También tiene en su boca el placer y el poder de guardar y sentir las cosquillas de una historia que nunca cerró desde hace 60 atrás. Una intriga desarmada por las anacronías y los cambios de roles de los personajes. Maestra de primer grado, sumisa a los mandatos de su madre, celadora y guardiana de libros y finalmente reconocida al final de su vida como ciudadana ilustre.
Teniente, capitán, torturador.
Enamorado, subversivo, delatador.
Capellán, pederasta, sometido al silencio por vergüenza
La protagonista desde su cama del hospital se mueve en el tiempo y la historia del país contextualiza las acciones de los personajes. Los libros censurados dan cuenta del despótico régimen al cual ella desafía. Ella es el elefante. Ocupa mucho espacio. Ocupa toda la novela y así como ocultó en el “cielito” las voces amordazadas por los gobiernos de facto. Oculta por venganza, por despecho, o para castigar al padre, al niño al que salva del abuso pero no de la muerte.
Solo su reloj sabe el tiempo de su secreto y tal vez desde el más allá Doña Epifanía.
En el paladar el secreto vivo se ha movido durante 60 años. Es tiempo de tragarlo, vomitarlo o morir…
Marta Ledri.