Un equipo de docentes de la Escuela Secundaria Técnica de la UNER viene llevando adelante un proyecto de Extensión apuntado a fortalecer el espacio de huerta y compostaje escolar. “Brotes del litoral: aprendizajes enraizados en nuestra escuela” es el nombre de la iniciativa que surgió con el fin de desarrollar un espacio pedagógico, social y productivo, articulando saberes académicos de distintas asignaturas con prácticas concretas en territorio.
El proyecto está dirigido por el docente Luis Dalzotto, Ingeniero Agrónomo egresado de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de UNER, quien explicó que el desarrollo de este espacio de huerta fue pensado “como un lugar en donde los estudiantes puedan aprender haciendo, donde tengan la posibilidad de producir alimentos y que las distintas asignaturas que cursan durante su trayectoria escolar tengan la posibilidad de abordar diferentes temáticas a partir de lo trabajado en la huerta”. Además, a través de esta iniciativa se busca promover “la vinculación con la familia y la comunidad, para lograr que no solo quede en la escuela, sino que se replique hacia afuera y de esa forma se enriquezca el espacio”.
El punto de partida del proyecto se nutrió directamente de las vivencias previas de los propios alumnos y sus familias. Según relató Dalzotto, la iniciativa cobró fuerza al detectar el interés latente en la comunidad educativa: “Lo que nos motivó a realizar este proyecto fue que detectamos la necesidad de incrementar los conocimientos en la producción de alimentos. Muchos estudiantes nos manifestaban que tenían o habían tenido –ellos o algunos de sus familiares– huertas en sus domicilios, y vimos que existía la posibilidad de hacer una retroalimentación entre lo que podía aportar la escuela y lo que podían aportar las familias para enriquecerse mutuamente”.
Un espacio abierto e interdisciplinario
La huerta funciona como un espacio abierto e integrado a la dinámica escolar diaria, permitiendo que diversas materias adapten sus contenidos a la práctica concreta. En ese sentido, asignaturas como Biología abordan conceptos de contaminación y nutrición; Geografía analiza los procesos de erosión del suelo, y las materias de perfil técnico utilizan la huerta para obtener materia prima directa. Incluso áreas como Arte se han sumado a la propuesta, proyectando la producción de pigmentos naturales a partir de las especies cultivadas.
Esta metodología busca que el aprendizaje trascienda el aula tradicional a través del pensamiento científico y la experimentación: “Queremos que los chicos comprendan de dónde vienen los alimentos, quién los produce y todo lo que se necesita para ello: trabajo, conocimientos, recursos naturales y toma de decisiones”, destacó Dalzotto sobre el sentido de soberanía alimentaria que atraviesa al proyecto.
Gestión de residuos y sustentabilidad
Uno de los pilares centrales de la iniciativa es la separación de residuos orgánicos en el ámbito escolar, integrándose a las políticas de sustentabilidad que se impulsan en la ciudad de Concordia. La materia orgánica generada en la institución es procesada mediante compostaje dentro del propio predio, convirtiéndose en el abono que nutre los cultivos.
Para llevar a cabo estas acciones, el proyecto se articula fuertemente con instituciones estratégicas del territorio. Es el caso del INTA, entidad que aporta apoyo técnico, semillas y capacitaciones específicas para la comunidad educativa. “El INTA siempre tuvo las puertas abiertas a las necesidades que le planteamos desde la escuela. En su momento, cuando estaba el programa ProHuerta nos entregaban semillas. Además, cada vez que necesitábamos algún tipo de charla o capacitación, nos facilitaban el profesional y sin ningún inconveniente se adaptaban a la realidad educativa de nuestra escuela”, remarcó Dalzotto.
Asimismo, se han llevado a cabo talleres y jornadas de intercambio junto a la Facultad de Ciencias de la Alimentación de la UNER.
Efecto multiplicador en los hogares
Más allá de la producción técnica, "Brotes del Litoral" busca generar un impacto social duradero en el entorno cotidiano de las familias. A través de la participación en eventos como la Feria Alimentando Cultura de la FCAL y las muestras educativas de la propia escuela, el equipo docente ha impulsado la entrega de plantines y el intercambio de experiencias productivas con los vecinos.
El propósito no apunta únicamente a un ahorro económico en el hogar, sino a promover hábitos de vida saludables y garantizar el acceso a alimentos frescos: “La idea de que las familias puedan replicarlo en sus casas busca sumarle al plato de comida un alimento saludable, aportando una independencia al decir 'puedo producir mis propios alimentos' y generando una actividad integradora”, resaltó el director de la propuesta.
Sostenibilidad en el tiempo
El proyecto continúa en marcha y proyecta consolidar sus actividades a lo largo del ciclo lectivo. Con vistas al futuro, el equipo busca optimizar el sistema de compostaje, potenciar la producción de la huerta durante las temporadas de primavera y verano, y afianzar la transferencia de conocimientos.
“Nos queda toda la primavera y verano para fortalecer la huerta, para seguir produciendo plantines, poder hacer un nexo con la comunidad y seguir aprendiendo en lo que queda del año. A largo plazo queremos que la huerta no sea una actividad aislada, sino que sea una herramienta educativa donde se pueda transferir conocimientos de las distintas asignaturas dentro de la escuela, como también desde y hacia la comunidad y las familias”, manifestó Dalzotto finalmente.