“Agitando los redoblantes de la ignorancia”

En esta columna, el profesor Roberto Franco plantea el origen maligno de la Inteligencia Artificial.

8 Nov, 2026, 10:24 AM

“Los evangelistas seculares de Silicon Valley pasaron años viendo la religión como algo que la humanidad eventualmente superaría. Todo lo que se necesitaba era suficiente inteligencia, información y avance tecnológico para dejarlo todo atrás. O eso creían”.

Maurizio Blondet

 

Me parece un título apropiado para tratar un tema que avanza desmesuradamente sin conocer el origen maligno de la IA, sino también el efecto perverso que ocasionará en la educación y en muchos otros ambientes.

 

A nadie escapa que este último paso de la tecnología, manipulado a su antojo por los paladines de Satanás producirá un cataclismo en todos los ámbitos de la vida.

 

Como sucede siempre, muchos se enrolan en ideas que aparecen de improviso y por la moda de ellas, impulsadas sabiamente desde diversos ámbitos, pues hay que estar en el pináculo de la corriente, se piensa que se está en la cúspide del saber.

 

Pero los gestores de este macabro desarrollo científico ya asumen su responsabilidad por los efectos catastróficos que está ocasionando.

Y no es para menos.

 

¡No se tiene en cuenta el efecto negativo sobre el trabajo, sobre el uso despiadado del agua, y entre otras cosas, el consumo explosivo de energía, que amenaza dejar sin la misma, a ciudades enteras donde se instalan los centros de datos!

 

Pero hay hechos mucho más profundos que obligan a andar estos caminos intrincados subordinando todo a lo que dicta la Verdad, si la Verdad con mayúscula.

 

Los mentores de este desatino desbocado, se dan cuenta y temen preocupados porque ni el freno mulero sofrena su avance desenfrenado.

¡Ahora piden ayuda a los teólogos!

 

El orden natural es sabio y la insubordinación de esta ciencia a Dios, desordenada, trae sus nefastas consecuencias.

 

En el último año, y ante el temor descripto anteriormente, los padres de esta invención están tratando de conciliar la tecnología con la Fe.

¡Vaya tamaña decisión!

 

¿No será tarde?

 

Las empresas que creían estar definiendo el futuro para todos los demás, ahora deben lidiar con cristianos empeñados en ayudar a moldearlo. Estas personas están acostumbradas a resolver estos problemas comprando soluciones, intimidando o centrándose en la innovación, pero esta vez no funcionará, porque todo es superfluo, como esconder el polvo debajo de la alfombra.

 

Como argumentó Andrew Torba “creo que los modelos de IA, a medida que se vuelven más capaces, tendrán más dificultades para desestimar las afirmaciones de Cristo al profundizar en la historia, la razón y la naturaleza humana”.

 

Quienes diseñan estos sistemas emiten juicios sobre la verdad, la responsabilidad, la dignidad y los límites oportunos de la acción humana. Estos juicios se plasman en la tecnología a través de sus creadores. Pero estos están muy distantes de reconocer y aceptar los mandatos divinos sobre la creación y la utilización de las tecnologías.

 

Como lo escribía en ¿inteligencia o solo tecnología? “El ChatGPT además de una técnica orientada a fines sombríos motiva a intelectuales de difusa valía a potenciarlo y difundirlo, pues a través del mismo el facilismo y la ignorancia alcanzan su grado de excelencia”.

 

“El cristianismo trata sobre la creación del mundo, la caída del hombre, la realidad del pecado y nuestra redención a través de Jesucristo. Su enseñanza moral emana de estas verdades. La Iglesia no puede reducir su testimonio a unas pocas técnicas útiles para que el software funcione correctamente. Tenemos mucho más que ofrecer que una lista refinada de respuestas aceptables para chatbots, y tenemos el deber de confrontar la insensatez de intentar crear a Dios de la nada”.

 

Roberto Franco.

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