POLÍTICA & TERRAPLANISMO

07 de Agosto de 2022

El gatopardismo

Publicamos la columna de domingo del profesor José Luis Pereyra, premio Fray Mocho de Literatura.

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La semana pasada los llevé hacia la isla de Sicilia para explicarles el (poco probable) origen de la palabra MAFIA. Ahora, esta quijotada que me ha dado por avivar giles, me hará detener en la misma isla para explicar otro término poco usado en el habla de los argentinos, pero que es una práctica muy frecuente en la nuestra política vernácula: el GATOPARDISMO. ¿Qué es el gatopardismo, de dónde proviene, qué historia hay detrás y qué diablos tiene que ver con nuestros actuales dirigentes? Abran la mente, estimados terraplanistas, que trataré de explicarlo a continuación.

 

El gatopardo (Il gattopardo, 1958), es una novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), quien jamás llegó a enterarse de que había creado un clásico moderno de enorme éxito y que sería adaptado a la pantalla por el genial Luchino Visconti. Y no lo supo, porque la obra fue publicada un año después de su muerte y la película fue filmada recién en 1963.

 

La acción de El gatopardo está ambientada en la época de la unificación italiana (Il Risorgimento), cuando Garibaldi invadió Sicilia. Tancredo, noble siciliano, le informa a su tío, el príncipe Salina, que se unirá como soldado a la tropa invasora. El príncipe le dice a Tancredo que Garibaldi representa a los burgueses y que éstos son enemigos naturales de la aristocracia, le informa que la burguesía siempre buscó desplazar del poder a la nobleza. ¿Cómo te podés aliar con el enemigo? ─pregunta Salina─. Entonces Tancredo contesta con una frase ya célebre: “Querido tío, si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.” El pragmatismo de Tancredo también se ve en su casamiento con la bellísima Angélica (Claudia Cardinale, en la película), de familia plebeya, pero políticamente muy bien relacionada con el nuevo régimen.

 

El universo del príncipe siciliano se va derrumbando ante una nueva Italia que surge. Él se siente viejo, no podrá adaptarse. Sin embargo, entre toda la desesperanza, le queda el consuelo de saber que su joven y flexible sobrino hará lo posible para “cambiar algunas cosas, para que todo siga como siempre”, es decir, Tancredo logrará mantenerse a flote en la marea del cambio.

 

El gatopardismo, en sí mismo, parece una contradicción, “cambiar algo para que todo siga igual”, pero realmente funciona. Y si no me creen, observen lo que ha ocurrido en los últimos días, no en Sicilia, sino aquí mismo, en la República Argentina: cambiamos al ministro Guzmán por la ministra Batakis y a ésta por el súper ministro Massa, ¿para qué? ¡Para que todo siga igual!

 

¿No me creen? Entonces observen: el Estado continúa subvencionando (con dinero y facilidades) a los más ricos, mientras ajusta a los más débiles y necesitados. La mafia de la Mesa de Enlace, que debería estar procesada por terrorismo económico, está protegida por la mafia de la Suprema Corte de (In) Justicia. La telefonía móvil e internet, ¡en pleno siglo XXI!, no son servicios públicos indispensables, porque la mafia del Grupo Clarín no quiere perder dinero. ¡Ellos no, pero el Pueblo,sí!

 

¿Escucharon el discurso del súper ministro? La mafia integrada por las ocho cerealeras y oleaginosas que controlan la hidrovía, la exportación de granos, la importación de insumos, que sobre facturan o van a menos, según corresponda y convenga, que evaden dólares y contrabandean (¡Hola, Cargill & Cía., que tienen más de 40 denuncias de la AFIP!), recibirán de súper Massa una leve reprimenda y un tironcito de orejas, porque por ahí se equivocaron (¡pobres pibes!) y se les dará un chas, chas en la colita para que, la próxima vez, no sean tan pícaros.

 

El asunto no es nuevo. Cada tanto se cambiaban generales, como figuritas, para que todo siguiera igual: Lonardi por Aramburu, Onganía por Levingston y éste por Lanusse, luego Videla por Viola, por Galtieri, por Bignone y ni hablar de sus respectivos ministros de Economía. ¿Y qué ocurrió con los gobiernos democráticos que realmente quisieron modificar las cosas para “cambiar”? Sufrieron golpes militares: Perón (1955), Frondizi (1962), Illia (1966) o acoso económico de las mafias concentradas (el poder real), con subas del dólar, inflación, desabastecimiento, etc. como ocurrió con Alfonsín, los Kirchner y ahora, Alberto Fernández.

 

En esta quijotada para avivar giles, debo confesarles mis sospechas de que no vivimos en una democracia real, sino en una plutocracia: el gobierno de 2.000 familias ricas, poderosas y sin escrúpulos que marcan el destino de 44 millones de argentinos. Una plutocracia que se dedica a la práctica del gatopardismo desde hace muchísimos años atrás.

 

Un ejemplo de connivencia entre Massa y la oligarquía, es el mágico retroceso del dólar blue, la quietud de los pecios y el cese del acoso mediático (la mafia de los medios ahora se ocupa exclusivamente, en nado sincronizado, del Law Fare contra CFK). Mientras tanto, la boca floja de Viviana Canosa (versión femenina de Baby Etchecopar), fue amordazada para que no dañe la imagen de Sergio Massa, el nuevo gatopardo de la familia Corleone.

 
Municipalidad Gualeguaychú

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