RESTRICCIONES

09 de Enero de 2021

Entre Ríos no cumple con ninguno de los dos índices fija el Decreto Nacional

La provincia es una de las seis jurisdicciones con cifras superiores a los límites que dispuso el Gobierno, a partir del cual están obligadas a regular la circulación nocturna

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El Decreto 4/2021 que restringe la circulación de personas y el desarrollo de cualquier actividad no esencial en horario nocturno establece dos parámetros de riesgo que deben aplicar los gobernadores, al momento de establecer las medidas que crean convenientes en cada jurisdicción. A continuación, deben hacerlo los Intendentes en sus respectivos ejidos.

El primero de los indicadores epidemiológicos que se deben contemplar define que cuando el resultado de dividir el número de casos confirmados acumulados en los últimos 14 días y el número de casos confirmados acumulados en los 14 días previos sea superior a 1,20 se deberán implementar restricciones. Es decir: si los casos aumentaron un 20 por ciento de una quincena a la otra, es obligatorio aplicar el Decreto nacional 4-2021 en la provincia o municipio. El segundo índice, establece que cuando el número de casos confirmados acumulados de los últimos 14 días por cada 100 mil habitantes, sea superior a 150 también hay que establecer el toque sanitario nocturno.

A partir de ambos parámetros, el Ejecutivo Nacional recomienda a los mandatarios provinciales la aplicación de medidas para disminuir la circulación, sobre todo, durante las noches. “El gobierno brinda las líneas de acción pero la responsabilidad es de las provincias. Desde la objetividad de los números ha establecido parámetros que son razonables de cumplir. Para mí, más allá de las quejas que generan las restricciones siempre que se implementan, siguen siendo poco exigentes”, señala el físico Jorge Aliaga, ex Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Luego divide su explicación en dos. Primero desmenuza los detalles del indicador de razón y luego del de incidencia.

  • Prédica en el desierto de Olivos

Ya en junio de 2020, Jorge Aliaga, ex Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), había advertido en la Quinta Presidencial de Olivos que se dejara de medir la progresión de la pandemia a partir de la cantidad de días de duplicación de casos. Aliaga demostró con números sobre la mesa que ese indicador de duplicación no tiene mucho sentido cuando la curva de contagios crece exponencialmente porque “mientras se siguieran duplicando los casos, de cualquier manera se irían de escala”, fundamentaba. Aliaga explicó en el Quincho presidencial que era mucho más preciso y claro “comparar los contagios de una semana en relación a los de la semana anterior con lo que se evita depender no solamente de lo que ocurre día a día, como también de la demora en la carga de datos”, que ya para junio del año pasado era alarmante.  

Para tener una idea –en realidad son muy pocos los gobernantes que estudian o leen- Alemania proponía como indicador 100 casos cada 14 días (o 50 cada 7 que es lo mismo) y España 150 cada 14 días al igual que Argentina, así que Aliaga no estaba tan errado respecto de lo que se hace a nivel internacional. Sin embargo, en aquel momento, la propuesta del físico no fue escuchada.

Pero seis meses después de aquella prédica en el desierto de Olivos, algo sucedió. A partir del 8 de diciembre de 2020, la estampida de casos comenzó, se insistió en profundizar la recomendación de la responsabilidad social en la observancia las medidas de higiene, evitar las reuniones sociales en lugares cerrados, las aglomeraciones y el distanciamiento social.

Por supuesto que nada de esto iba a pasar, teniendo en cuenta que vivimos en un país donde una importante cantidad de argentinos son terraplanistas o se dedican a organizar fiestas clandestinas que cuentan con notable asistencia, o simplemente son irresponsables que aun circulan por las calles sin el tapabocas colocado pese a que ya llevamos más de 10 meses de azote pandémico.

Los milagros no existen.

Una vez más, en esta instancia particularísimamente alarmante, el Presidente y “sus 24 Gobernadores” -que parece que cogobiernan mal y comunican peor- fallaron. La ciencia tenía razón. La política, cuya porosidad a las presiones es cada vez más inquietante, no.

Y así fue que la realidad que, como pontificaba un tal Perón, es la única verdad, obligó al Gobierno nacional a desempolvar aquellos raros cálculos que había hecho Aliaga en una fría jornada de junio de 2020  y aplicarlos.

Claro que Alberto Fernández no lo tuvo fácil. Hubo ciertos peronistas neoliberales que gobiernan en algunos distritos provinciales –como es el caso de Entre Ríos-, pusieron el grito en el cielo. Con el argumento de que la prioridad es la economía y las actividades productivas que deben terminar de encenderse, consideraban que la pandemia, si bien no deja de ser un conflicto de magnitud, lo primero era aquello y no la Salud Pública.

Claro que esta teoría con pretensiones de doctrina no es patrimonio tan solo de ciertos dirigentes políticos oficialistas y opositores. También tuvo, tiene y tendrá el inestimable patrocinio de la basura comunicacional de muchos medios, periodistas y sucedáneos que, convenientemente amamantados por sobres o pautas publicitarias de los factores del poder político y económico, infectan más que la plaga.

  • Entre Ríos, entre las peores

Antes de que se firmara el Decreto 4-2021, un poderoso dirigente peronista afirmaba que, “en la intimidad”, el gobernador Bordet sostenía que el presidente Fernández no estaba tan convencido del cierre de las actividades y que “más que nada” si lo hacía, era para evitar un colapso. Pero también decía que “Gustavo” no estaba tan convencido de restringir actividades. Como un equilibrista en el abismo que es, ese mismo dirigente tambien advertía simultáneamente que, si el Decreto Presidencial determinaba alguna medida que obligara a los Gobernadores, el de Entre Ríos iba a “acatar porque está para acompañar”.

Se les nota demasiado que, para algunos, aún no es oportuno de sacar los pies del plato. Pero en algún momento lo harán, de eso que no quepa ninguna duda. Una traición no se le niega a nadie, dijo una vez un connotado peronista de Gualeguaychú.

Finalmente, Bordet tuvo que acatar, pero no porque quisiera dar un signo de buena voluntad o de magnánima colaboración hacia el Gobierno nacional, según se demostrará a continuación.

Los dos parámetros que fija el Decreto de Alberto Fernández dan peor que mal en Entre Ríos. El resultado de dividir el número de casos confirmados acumulados en los últimos 14 días y el número de casos confirmados acumulados en los 14 días previos en nuestra provincia, es exactamente 1,61, ampliamente superior al piso de 1,20 que estipula el Decreto nacional o al 20 por ciento de incremento de casos, según se prefiera.

Pero además, el número de casos confirmados acumulados de los últimos 14 días por cada 100 mil habitantes, tampoco es nada bueno en Entre Ríos. El resultado exacto es 316. Más del doble de la cifra que hace encender el “semáforo rojo”, que es a partir de 150 casos en las últimas dos semanas.

Son cinco las provincias que tienen ambos indicadores en color púrpura y por lo tanto, si o si, tienen que aplicar en sus territorios las restricciones nocturnas. Por orden alfabético: Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén y Santa Cruz. A ellas hay que agregar la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Los números son irrefutables. Y por cierto: no es cierto que Bordet quiera acompañar. Está obligado a hacerlo, que no es lo mismo.

(CON INFORMACION DE JORGE ALIAGA Y PAGINA 12)


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